Patrimonio Inmaterial

Empedrado portugués (Calçada Portuguesa)

El empedrado portugués y el oficio del adoquinador (calceteiro): el arte del pavimento en piedra caliza y basalto, símbolo de las calles y plazas de Lisboa y…

Empedrado portugués
Alexandre9099, CC0 — Wikimedia Commons

El empedrado portugués (calçada portuguesa) es un pavimento decorativo ejecutado a mano, en el que miles de pequeños cubos de piedra — habitualmente caliza blanca y basalto negro — se asientan en patrones geométricos, ornamentales o figurativos. Más que un revestimiento de calles y plazas, se ha convertido en uno de los rasgos más reconocibles del paisaje urbano portugués, exportado a todo el país y a los antiguos territorios de ultramar. Su realización depende por completo del calceteiro, el artífice que talla cada piedra con el martillo de boca ancha y la encaja en una cama de arena, sin argamasa, ajustándola a las fracturas naturales de la roca.

Orígenes y el «Mar Largo» del Rossio

Los primeros empedrados artísticos en piedra clara y oscura surgen en Lisboa a mediados del siglo XIX. Se atribuye un papel pionero a Eusébio Pinheiro Furtado, entonces gobernador del Castillo de São Jorge, quien en 1842 mandó pavimentar con caliza, con un dibujo, parte del recinto del castillo — usado en esa época como prisión, y donde la primera mano de obra habría sido la de los reclusos.

El salto decisivo se dio en la Praça do Rossio (actual Praça de D. Pedro IV). A partir de agosto de 1848, y a lo largo de cerca de un año, se asentó un vasto pavimento de aproximadamente 8 700 metros cuadrados, con un patrón ondulado de piedra blanca y negra que se hizo conocido como «Mar Largo» («Mar Ancho»). Las olas evocaban el océano y la memoria de los Descubrimientos, y el efecto visual — vibrante y casi vertiginoso — se hizo tan célebre que el motivo se difundió por Lisboa, por el resto del país y por ciudades como Río de Janeiro o Macao.

La genialidad del empedrado reside en una economía radical: no hay color, solo el contraste de lo claro y lo oscuro y la geometría. Todo lo demás — movimiento, ritmo, profundidad — nace de la mano del calceteiro.

El oficio del calceteiro

El trabajo del calceteiro es a la vez braceado y de gran precisión. A partir de bloques de caliza o basalto, el artífice produce los cubos aprovechando las diaclasas, las líneas de fractura naturales de la piedra, partiéndola con golpes calculados hasta obtener piezas de pocos centímetros. Luego las asienta en una sola posición, una a una, golpeándolas a nivel y siguiendo el trazado del dibujo.

Existen varias técnicas y formatos — desde el empedrado irregular, más rústico, hasta los pavimentos en malhete (piezas poligonales encajadas) y los dibujos compuestos, que exigen el dominio de simetrías y patrones cuya sofisticación los matemáticos han estudiado. Es un saber transmitido sobre todo de forma práctica, en la obra, de maestro a aprendiz. Reconociendo la fragilidad de esta cadena de transmisión, el Ayuntamiento de Lisboa creó en 1986 una escuela de calceteiros para formar a nuevos profesionales.

Reconocimiento y desafíos

En 2021, el oficio del calceteiro y el arte del empedrado portugués fueron inscritos en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, integrándose en el esfuerzo más amplio de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial portugués. La medida subraya el valor del empedrado como expresión de las artes del dibujo y del trabajo de la piedra, junto a otras manifestaciones decorativas como el azulejo y el conjunto de las artes decorativas portuguesas, con las que comparte el gusto por el patrón y la superficie ornamentada.

El futuro del empedrado afronta, sin embargo, tensiones reales. La escasez de calceteiros, el coste de la mano de obra y las preocupaciones por la accesibilidad y la seguridad — sobre todo en pisos pulidos por el uso o por la lluvia — han llevado, en algunas ciudades, a la sustitución del empedrado por materiales industriales. Su continuidad depende, por ello, tanto de la formación de nuevos artífices como de soluciones técnicas que concilien la tradición con las exigencias de la movilidad contemporánea. En Lisboa, donde nació su expresión más monumental, el empedrado sigue siendo un emblema identitario cuya preservación se entiende hoy como una responsabilidad patrimonial.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el empedrado portugués?
Es un tipo de pavimento decorativo hecho a mano con pequeños cubos de piedra caliza y basalto, asentados en patrones geométricos o figurativos. Lo ejecuta el calceteiro (adoquinador), que talla y ajusta cada piedra de forma individual.
¿Dónde surgió el empedrado portugués?
Los primeros empedrados artísticos en piedra clara y oscura surgieron en Lisboa a mediados del siglo XIX. El gran hito fue el pavimento del Rossio, asentado a partir de 1848 bajo la dirección de Eusébio Pinheiro Furtado.
¿Es el empedrado portugués un patrimonio reconocido?
Sí. En 2021, el oficio del calceteiro y el arte del empedrado portugués fueron inscritos en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociendo su valor artístico y técnico.

Fuentes

  1. Calçada portuguesa — Wikipédia
  2. Wikidata — Calçada portuguesa (Q616484)