Patrimonio Mundial
Centro histórico de Guimarães
«Aquí nació Portugal»: el centro medieval de Guimarães, cuna de la nacionalidad, Patrimonio Mundial desde 2001 y modelo de rehabilitación urbana.
En una muralla de la ciudad, una inscripción célebre resume su identidad: «Aquí nació Portugal». Es en Guimarães donde la tradición sitúa el nacimiento del reino, en el siglo XII, y es su centro histórico medieval —notablemente preservado— el que la UNESCO inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial en 2001.
La cuna de la nacionalidad
A los pies del castillo habría nacido hacia 1109 D. Afonso Henriques, que llegaría a proclamarse primer rey de Portugal. El castillo y la vecina iglesia de São Miguel anclan la ciudad en su fundación. Cerca se yergue el Palacio de los Duques de Braganza, del siglo XV —una residencia señorial de inspiración borgoñona, restaurada en el siglo XX para servir de palacio oficial.
La ciudad que sobrevivió
El valor reconocido por la UNESCO no es, sin embargo, sobre todo monumental: es urbano. Guimarães conserva un tejido medieval y moderno de excepcional autenticidad —calles, plazas como el Largo da Oliveira, casas con balcones y soportales de madera, en el que se lee la evolución de una ciudad desde la Edad Media sin grandes rupturas.
El comité de la UNESCO destacó a Guimarães como ejemplo de la evolución de las técnicas y de los materiales de construcción desde el período medieval hasta el siglo XIX —una ciudad que es, en sí misma, un tratado de historia de la arquitectura corriente.
Un modelo de rehabilitación
Guimarães es también un caso de estudio en conservación urbana. La rehabilitación de su centro histórico, conducida desde los años 1980 con criterio y participación de los habitantes, es citada con frecuencia como ejemplo de cómo recuperar un centro antiguo manteniéndolo habitado —y no transformándolo en un escenario para visitantes. Recibió por ello, en 1985, el Premio Europa Nostra.
En 2012, Guimarães fue Capital Europea de la Cultura. La elección confirmaba lo que la ciudad ya había demostrado: que un lugar puede honrar su condición de cuna sin dejarse fosilizar por ella.