Patrimonio Inmaterial

La concertina y la música popular portuguesa

La concertina, acordeón diatónico de dos hileras, y su papel en los bailes, las desgarradas y los grupos folclóricos del Minho y del norte de Portugal.

En la música popular portuguesa, la concertina es el nombre que se da a un pequeño acordeón diatónico de botones que se convirtió en el instrumento por excelencia de las fiestas, romerías y bailes del norte del país. Aunque el nombre fue heredado del instrumento hexagonal patentado por el inglés Charles Wheatstone en 1829, la concertina portuguesa pertenece a otra familia: se trata de un aerófono de lengüetas libres, con dos —a veces dos y media o tres— hileras de botones, originalmente conocido como harmónio o harmónico de dos hileras. Fue la tradición popular la que le fijó el nombre de concertina, hoy prácticamente universal.

Un aerófono de fuelle y lengüetas

El sonido nace del paso forzado del aire, movido por el fuelle, sobre láminas metálicas que vibran libremente —el mismo principio del acordeón, la armónica y el armonio—. El rasgo que define a la concertina es su carácter diatónico y bisonoro: cada botón produce dos notas distintas según el fuelle se abra o se cierre. De esta alternancia nace un balanceo rítmico propio, vivo y marcado, perfectamente adaptado a la función primera del instrumento: hacer bailar.

Los modelos populares se organizan generalmente en dos hileras afinadas en tonalidades vecinas, lo que permite al ejecutante deslizarse entre escalas e improvisar acompañamientos con pocos recursos. Es un instrumento portátil, robusto y sonoro, cualidades que explican la rapidez con que sustituyó, en la función de baile, a los instrumentos artesanales más antiguos.

La llegada a Portugal y el arraigo en el Norte

Estos acordeones diatónicos llegaron a Portugal en la segunda mitad del siglo XIX y, a lo largo de las décadas siguientes, fueron ocupando el lugar de las antiguas flautas, gaitas, violas y ferrinhos en la animación de las danzas. Hay quien asocia su afirmación al regreso de los soldados de la Primera Guerra Mundial, pero fue sobre todo la vida de las aldeas la que lo adoptó. Aunque todo el país la conociera, fue en la franja atlántica del Noroeste —y en particular en el Minho— donde la concertina echó raíces más profundas, convirtiéndose en presencia obligada en los grupos folclóricos, en las fiestas de los santos populares y en las grandes romerías, como la Romería de Nossa Senhora da Agonia, en Viana do Castelo.

La concertina es un caso singular de adopción: instrumento de fabricación industrial y origen extranjero, fue absorbido tan completamente por el pueblo del Minho que pasó a sentirse como voz propia de la tierra.

La emigración minhota de mediados del siglo XX extendió la concertina por las comunidades portuguesas de Europa, América y África, donde sigue marcando verbenas y reuniones, lo que la convierte en uno de los emblemas sonoros de la diáspora.

El territorio natural de la concertina es el baile y el cantar al desafío. Acompaña viras, chulas, malhões y cananas, pero es sobre todo en la desgarrada, o cantar al desafío, donde revela todo su papel: dos o más cantores improvisan versos, se provocan y se responden, mientras el concertinista sostiene el compás y marca las pausas en las que ha de caer la gracia de la respuesta. Este arte de la improvisación acerca la concertina a otras expresiones vivas del patrimonio cultural inmaterial portugués, en el que la música se hace en el momento y en comunidad.

Desde mediados de la década de 1990 se asistió a un fuerte renacimiento del interés por la concertina, movimiento partido del Norte y luego generalizado a todo el país, con nuevas generaciones de ejecutantes, concursos y festivales. Este revivalismo dio nueva vida al instrumento, aunque fue criticado por uniformizar repertorios en torno a unos pocos temas minhotos. Junto a los cordófonos tradicionales y a aerófonos de raíz más antigua, como la gaita mirandesa, la concertina ocupa hoy un lugar central en el mapa sonoro popular del Norte, guardando en su lengüeta doble la memoria de las fiestas de las aldeas.

Preguntas frecuentes

¿La concertina portuguesa es igual que la concertina inglesa?
No. Aunque comparten el nombre, heredado del instrumento hexagonal patentado por Charles Wheatstone en 1829, la concertina de la música popular portuguesa es en realidad un pequeño acordeón diatónico de botones, con dos (a veces dos y media o tres) hileras de teclas, originalmente denominado harmónio o harmónico de dos hileras.
¿Por qué está la concertina tan ligada al Minho?
Se difundió por todo el país, pero fue en el Noroeste atlántico, sobre todo en el Minho, donde echó raíces más profundas. Se convirtió en el instrumento dominante de las fiestas, romerías y grupos folclóricos de la región, y la emigración minhota de mediados del siglo XX la llevó, junto con la saudade, a las comunidades portuguesas del extranjero.
¿Cómo funciona una concertina diatónica?
Es un aerófono de lengüetas libres: el aire forzado por el fuelle hace vibrar pequeñas láminas metálicas. Al ser diatónica y bisonora, cada botón produce dos notas diferentes según el fuelle abra o cierre, lo que confiere al toque su característico balanceo rítmico.

Fuentes

  1. Wikipédia — Concertina
  2. Concertina — Terra Mater (José Alberto Sardinha)
  3. Desgarrada — Wikipedia