Patrimonio Inmaterial
Viola Campaniça, el cordófono del Bajo Alentejo
La viola campaniça, el gran cordófono tradicional del Bajo Alentejo, y su universo de modas, cantos al despique y bailes de feria y romería.
La viola campaniça —también llamada viola alentejana— es el gran cordófono tradicional del Bajo Alentejo, instrumento de acompañamiento de las modas, los cantos y los bailes que animaban tabernas, ferias y romerías de la llanura. El adjetivo campaniço significa, literalmente, “del campo”, y su universo es el de una cultura rural que, durante siglos, hizo de la música el reverso del duro trabajo bajo el sol y la siega. Pertenece a la familia de los cordófonos tradicionales portugueses y es, de todas las violas del país, la de mayores dimensiones.
El instrumento
Con unos 110 cm de longitud, la viola campaniça se distingue por su caja de resonancia de cintura muy estrecha, en forma de ocho alargado, y por su boca circular. Posee cinco órdenes de cuerdas: las tres órdenes más agudas son dobles y afinadas al unísono, mientras que las dos órdenes más graves combinan cuerdas afinadas a la octava, lo que confiere al instrumento su timbre lleno y cavernoso. No tiene una afinación única —coexisten distintas afinaciones, ajustadas a la melodía de las modas que se pretende acompañar.
La técnica es tan característica como la forma: se toca con dedillo, solo con el pulgar, dejando a menudo sonar las cuerdas graves al aire. De ahí resulta un acompañamiento marcado, de pulsación grave e insistente, sobre el que se asientan las voces del canto.
La viola campaniça no es un instrumento de virtuoso solitario: fue concebida para sostener la voz humana, para hacer cantar y bailar a una comunidad reunida.
Modas, cantos y bailes
La viola campaniça acompañaba sobre todo dos universos: las modas campaniças, piezas de danza y canto propias de la región, y los cantos al despique, o “cantes a despique”, en los que dos cantadores se desafiaban en verso improvisado. Esta práctica la acerca al cante al desafío, tradición de improvisación poética cantada, y al contexto cultural más amplio del cante alentejano. Se escuchaba en los bailes, en las ferias y en las romerías del Alentejo —como la Fiesta de la Señora de la Cola o la Feria de Castro—, y era compañía habitual de las tabernas donde los hombres se reunían al caer la tarde.
Su núcleo geográfico fue el Campo Branco, zona que abarca los concejos de Castro Verde, Ourique, Aljustrel, Almodôvar y parte de Odemira, con presencia documentada también en Beja, en Serpa y en zonas del Algarve. Vila Verde de Ficalho, en el concejo de Serpa, es frecuentemente señalada como una de las cunas del instrumento. El registro escrito más antiguo que vincula la viola alentejana con la designación “campaniça” data de 1916.
Declive y renacimiento
A lo largo del siglo XX, la transformación social del mundo rural y la llegada de sonoridades modernas a los bailes llevaron a la viola campaniça al olvido: los instrumentos fueron guardados en arcas y armarios, y el número de intérpretes se redujo drásticamente. A finales de la década de 1980, quedaban muy pocos ejecutantes activos.
Fue también en ese momento cuando surgió el movimiento de revitalización, alimentado por programas de radio dedicados a la memoria musical de la región y, más tarde, por el trabajo de centros de aprendizaje —con especial mención a la enseñanza de la construcción y la técnica del instrumento en Castro Verde y en parroquias de Odemira. Hoy, la viola campaniça vuelve a ser construida por luthiers y tocada por nuevas generaciones, integrando el esfuerzo más amplio de salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial portugués y afirmándose como uno de los símbolos sonoros más expresivos del Bajo Alentejo.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué es la viola campaniça?
- Es un cordófono punteado tradicional del Bajo Alentejo, la mayor de las violas portuguesas, con unos 110 cm de longitud y cinco órdenes de cuerdas. Se tocaba solo con el pulgar para acompañar modas, cantos y bailes de la región.
- ¿Dónde se toca la viola campaniça?
- Su núcleo histórico se sitúa en el Campo Branco, abarcando concejos como Castro Verde, Ourique, Aljustrel, Almodôvar y parte de Odemira, con presencia también en Beja, Serpa y zonas del Algarve. Vila Verde de Ficalho, en Serpa, es frecuentemente señalada como cuna del instrumento.
- ¿La viola campaniça casi desapareció?
- Sí. A finales de la década de 1980 quedaban muy pocos intérpretes activos. Un movimiento de revitalización, impulsado por programas de radio y, más tarde, por centros de aprendizaje como el de Castro Verde, recuperó la construcción y la técnica del instrumento.