Arqueología
El Neolítico en Portugal
El Neolítico en Portugal: neolitización, comunidades agro-pastoriles, cerámica cardial, poblados y la monumentalización del paisaje entre el VI y el IV milenio a.C.
El Neolítico designa el período de la prehistoria en que las comunidades humanas dejan de depender exclusivamente de la caza, la pesca y la recolección y pasan a producir su alimento, a través de la agricultura y la domesticación de animales. Esta transformación — llamada neolitización — no fue un acontecimiento súbito ni uniforme, sino un proceso lento y regionalmente diferenciado que, en el territorio que hoy es Portugal, se desarrolló principalmente entre mediados del sexto milenio y finales del cuarto milenio a.C. Más que un simple cambio de dieta, supuso una nueva relación con la tierra: la fijación al territorio, la acumulación de excedentes y el surgimiento de formas inéditas de organización social y religiosa.
La neolitización del territorio
Las primeras manifestaciones neolíticas en suelo portugués datan de alrededor del 5500–5400 a.C. y aparecen en las regiones litorales y calcáreas del centro-sur — la Estremadura, el bajo Tajo y el Barlovento algarvío. Desde hace décadas se discuten dos modelos para explicar su llegada: la difusión por vía marítima, con pequeños grupos de agricultores mediterráneos estableciéndose en la costa, y la adopción progresiva de las nuevas técnicas por las poblaciones locales. La presencia de cerámica decorada con impresiones de conchas — la llamada cerámica cardial, marcada con la concha del berberecho — asocia el Neolítico antiguo portugués al gran horizonte mediterráneo occidental que se difundió desde Liguria hasta el Atlántico.
En este mismo período, en los valles del Tajo y del Sado, persistían comunidades mesolíticas que dejaron los notables concheros de Muge y del Sado, vastas acumulaciones de conchas, restos alimentarios y sepulturas. El contacto entre estos cazadores-recolectores y los primeros agricultores fue, en algunos casos, prolongado: la transición plena al Neolítico en zonas como Sines parece haber ocurrido apenas hacia el 5000 a.C. Estos contextos hacen del territorio portugués uno de los laboratorios europeos más ricos para el estudio del paso del Paleolítico y el Mesolítico a las sociedades productoras.
La neolitización no fue la sustitución de un pueblo por otro, sino una lenta reconfiguración de saberes, gestos y creencias — la primera vez que comunidades enteras decidieron transformar el paisaje para permanecer en él.
Poblados, economía y cultura material
Las comunidades neolíticas vivían en pequeños poblados, frecuentemente próximos a suelos fértiles y cursos de agua. Cultivaban cereales — trigo y cebada — y legumbres, y criaban ovejas, cabras, bovinos y cerdos. La cultura material se distingue por la piedra pulida, sobre todo hachas y azuelas usadas en la deforestación y el trabajo de la madera, y por una cerámica que evoluciona de las formas cardiales a tipos lisos e incisos con el tiempo. Aparecen también molinos para la molienda de grano, cuentas de adorno e industrias de sílex que prolongan tradiciones anteriores.
A lo largo del Neolítico medio y final, a partir de alrededor del 4000 a.C., se observa un aumento de la densidad del poblamiento y la expansión de la ocupación hacia el interior. Es también en esta fase cuando el paisaje comienza a ser ordenado por monumentos duraderos, en un gesto de afirmación territorial y simbólica sin precedentes.
Monumentalización y legado megalítico
El rasgo más espectacular del Neolítico portugués es la edificación de los grandes monumentos de piedra. A partir de finales del sexto milenio a.C., las comunidades agro-pastoriles erigieron dólmenes, menhires y crómlechs que hicieron del occidente peninsular una de las cunas del megalitismo europeo. En el Alentejo, el Crómlech de los Almendres se cuenta entre los recintos más antiguos del continente, testimonio de un pensamiento que articulaba a los muertos, el cielo y el territorio.
Esta monumentalización se prolongaría hasta el Calcolítico, ya con la metalurgia del cobre y los poblados fortificados, pero sus raíces son plenamente neolíticas. El estudio de este período, central en la arqueología portuguesa, sigue redefiniendo, con nuevas dataciones y excavaciones, la antigüedad y la complejidad de las primeras sociedades que transformaron de forma duradera el paisaje ibérico.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuándo comenzó el Neolítico en Portugal?
- Las primeras evidencias neolíticas en el territorio portugués datan de alrededor del 5500–5400 a.C., concentrándose inicialmente en la Estremadura, el valle del Tajo y el Algarve. En las regiones vecinas, las comunidades de cazadores-recolectores mesolíticas mantuvieron sus modos de vida hasta principios del quinto milenio a.C.
- ¿Qué es la neolitización?
- Es el proceso de transición de las economías de caza y recolección a economías productoras, basadas en la agricultura y la ganadería, acompañado por la sedentarización, la cerámica y la piedra pulida. En Portugal este proceso fue gradual y desigual, con regiones que adoptaron antes estos cambios y otras que resistieron a la transformación.
- ¿Cuál es la diferencia entre el Neolítico y el Calcolítico?
- El Neolítico se caracteriza por las primeras sociedades agro-pastoriles y la monumentalización megalítica, con utensilios de piedra pulida. El Calcolítico, que le sigue a partir del 3000 a.C. aproximadamente, se distingue por la metalurgia del cobre, los poblados fortificados y una mayor complejidad social.