Arqueología
La Edad del Hierro en Portugal
La Edad del Hierro en Portugal: poblados fortificados, cultura castreña, contactos mediterráneos y pueblos protohistóricos antes de la romanización.
La Edad del Hierro corresponde al último gran periodo de la prehistoria y protohistoria del actual territorio portugués, situado, en términos generales, entre finales del II milenio y el inicio de la Edad del Bronce y la conquista romana, concluida en las últimas décadas del siglo I a. C. No se define solo por la generalización de un nuevo metal —el hierro, más abundante y versátil que el bronce—, sino por un conjunto de transformaciones sociales, económicas y simbólicas: la densificación de los poblados fortificados, la jerarquización del territorio, la intensificación de la agricultura y, sobre todo, la entrada del occidente peninsular en las redes de intercambio del Mediterráneo. Por eso los arqueólogos prefieren hablar de “protohistoria”, ya que, por primera vez, pueblos sin escritura propia comienzan a ser nombrados en fuentes escritas ajenas, griegas y romanas.
Cronología e influencias mediterráneas
Es habitual dividir el periodo en dos grandes fases. La Primera Edad del Hierro, a partir de alrededor del siglo VIII a. C., está marcada por la llegada de comerciantes fenicios a las costas del sur peninsular, que fundan factorías e introducen el torno de alfarero, el hierro, la vid, la escritura y nuevos productos de prestigio. En el bajo Alentejo y el Algarve se desarrolla entonces una cultura de fuerte cuño orientalizante, heredera y prolongación del mundo tartésico, a la que se asocian las enigmáticas “estelas del Suroeste” y la más antigua escritura de la península, aún hoy no enteramente descifrada. La Segunda Edad del Hierro, aproximadamente a partir del siglo V–IV a. C., asiste a la consolidación de los grandes poblados del interior y del norte y al avance de la influencia continental, con elementos celtas que marcan la toponimia y la onomástica de amplias áreas.
La novedad de la Edad del Hierro no está solo en el metal: está en el hecho de que, por primera vez, las comunidades del occidente atlántico pasan a ser interlocutoras —comerciales y, después, militares— de potencias mediterráneas que dejaron registro escrito.
Los castros y la cultura castreña
En el noroeste —el norte y el centro litoral de Portugal, prolongándose por Galicia— se afirma la cultura castreña, asentada en poblados fortificados de altura, los castros, defendidos por murallas, fosos y taludes. Las casas, en general de planta circular y cubierta vegetal, se organizan en barrios, y algunos aglomerados crecen hasta convertirse en verdaderos oppida, centros populosos y jerarquizados. La Citânia de Briteiros, en Guimarães, y el Castro de Romariz, en Santa Maria da Feira, se cuentan entre los ejemplos mejor conservados y estudiados, con calles, cisternas y baños rituales que revelan comunidades complejas y culturalmente distintas de las del sur.
Junto a la arquitectura, la cultura castreña dejó una orfebrería de extraordinaria calidad —torques, pendientes y arracadas de oro— y una estatuaria en granito de guerreros y cabezas, que expresa identidades guerreras y linajes locales. La cerámica, frecuentemente micácea y decorada, y la metalurgia del hierro completan un cuadro material que se fue haciendo más elaborado a medida que crecían los intercambios y las desigualdades internas.
Pueblos, fuentes y el fin del periodo
Las fuentes clásicas pueblan este territorio de nombres: galaicos en el noroeste, lusitanos en la franja central entre el Duero y el Tajo, célticos en el Alentejo y el norte del Algarve, entre muchos otros grupos. Estas designaciones, filtradas por la mirada romana, no corresponden a fronteras rígidas, sino a unidades étnicas y políticas en formación, a veces capaces de coaliciones militares —como la que, bajo la figura de Viriato, resistió durante años a la expansión de Roma.
El fin de la Edad del Hierro coincide con la romanización, proceso gradual en el que las élites locales desempeñaron un papel decisivo, integrándose en el nuevo orden provincial. Muchos castros fueron abandonados o reconvertidos, otros perduraron ya enmarcados en la administración romana. El estudio de este periodo, central en la arqueología portuguesa, permanece en renovación constante, a medida que la datación por radiocarbono y las excavaciones en curso afinan cronologías antes trazadas únicamente a partir de los textos antiguos.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuándo transcurre la Edad del Hierro en Portugal?
- Convencionalmente desde alrededor del siglo VIII a. C., con la generalización de la metalurgia del hierro y de los contactos mediterráneos, hasta la conquista romana del territorio, concluida en las últimas décadas del siglo I a. C. con las campañas contra cántabros y astures.
- ¿Qué es la cultura castreña?
- Es la cultura material de los poblados fortificados de altura —los castros— que ocupa el noroeste de la península ibérica, incluyendo el norte y el centro de Portugal, durante la Edad del Hierro. Se caracteriza por casas de planta circular, murallas, orfebrería y estatuaria en piedra.
- ¿Qué pueblos habitaban el territorio en la Edad del Hierro?
- Las fuentes grecorromanas mencionan, entre otros, a los galaicos en el noroeste, a los lusitanos en la franja central entre el Duero y el Tajo, y a los célticos en el sur, en el Alentejo y el norte del Algarve, además de comunidades influidas por el mundo tartésico y fenicio al sur.