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El pombalino
La reconstrucción de Lisboa tras el terremoto de 1755: el primer urbanismo ilustrado, racional y antisísmico, de Europa.
El 1 de noviembre de 1755, un terremoto seguido de maremoto e incendio destruyó el centro de Lisboa y mató a decenas de miles de personas. De la catástrofe nació una de las más notables operaciones de urbanismo de la Europa moderna, y un estilo que lleva el nombre del ministro que la dirigió, Sebastião José de Carvalho e Melo, el Marqués de Pombal.
Reconstruir, no restaurar
La decisión política fue radical: en vez de reconstruir la ciudad medieval en su trazado de callejuelas, se arrasó lo que quedaba de la Baixa y se diseñó un plan enteramente nuevo. Bajo la dirección de Manuel da Maia y de los ingenieros militares Eugénio dos Santos y Carlos Mardel, se trazó una malla ortogonal de calles anchas y manzanas regulares, que unía dos plazas: el Rossio y el reconstruido Terreiro do Paço (Praça do Comércio).
La ingeniería de la prevención
El pombalino es, ante todo, antisísmico. Los edificios se asientan sobre una estructura de madera tridimensional —la gaiola pombalina— concebida para oscilar con el suelo sin colapsar. Las fachadas son uniformes y los edificios de altura controlada; las calles, lo bastante anchas para que, ante un nuevo temblor, los escombros no bloquearan la huida. Es urbanismo pensado como seguridad pública.
La Baixa Pombalina es quizá el primer ejemplo europeo de una ciudad proyectada a la escala del barrio como sistema integrado: estructura, fachada, calle y plaza concebidas en conjunto.
Estética de la razón
A la ingeniería corresponde una estética sobria. La ornamentación es mínima, la repetición es principio, la piedra de cantería dibuja solo lo esencial. Esta contención —casi preindustrial en su lógica de producción seriada— expresa el ideario ilustrado del Estado pombalino: el orden, la utilidad, la previsión.
El pombalino no se quedó en Lisboa. El mismo método —arrasar y trazar de nuevo según la razón— se aplicó en Vila Real de Santo António e influyó en la reconstrucción de villas en todo el reino. Es, en sentido pleno, el momento en que el Estado portugués aprendió a diseñar la ciudad desde arriba.